Imagínense a un tipo de 1.77 y más de 85 kilos de pesos subiendo rápidamente por una escalera con la idea fija de prepararse algo para cenar y sentarse cómodamente a ver un partido de fútbol. Imagínenselo subiendo los escalones de dos en dos hasta el segundo piso que es su casa e imagínenselo resbalar justo en el ultimo escalón casi frente a su puerta. Luego imaginen esos 85 kilos de peso resbalando despacio, en cámara lenta. Imaginen a sus manos agitándose para intentar aferrarse inútilmente de algo y que la gravedad lo atrajese contra las escaleras primero, y luego contra el descanso del departamento casi a 3 metros mas abajo.
Ahora el tipo esta tirado, con el tobillo torcido y el cuerpo cual cáscara de plato en el suelo tratando de entender que diablos ha pasado.
Pues ya se lo imaginaron?
Bien, el viernes 9 de marzo cuando volvía a mi casa tuve la increíble experiencia de resbalar, gritar y caer como un vulgar saco de patatas contra el suelo, torciéndome el tobillo y provocándome un esguince en la pierna derecha al forzar mis ligamentos por la caída.
Mientras escribo esto estoy con una linda bota de yeso que me ha venido acompañando desde ese día.
La cosa no ha sido muy grave gracias a Dios. De hecho si me pusieron el yeso fue mas para prevenir una lesión mayor y si todo va bien me la deberían de estar quitando el jueves. Pero de todas maneras molesta mucho estar así y les aseguro, uno no sabe que es lo que tiene hasta que lo pierde. Y eso se refiere a la movilidad, a la libertad de irse a cualquier lado sin necesidad de la ayuda de nadie.
Teniendo en cuenta que en el 2007 he pasado por dos auditorias, el robo de mi dinero en una de mis cuentas por clonación de tarjeta, una gripe, una renuncia al trabajo, amenazas a mi integridad por una loca del pasado y ahora un esguince con una bota de yeso puedo decir con autoridad que vaya año de mi$%&da que voy teniendo . Lo bueno de todo esto es que solo faltan nueve meses para que termine.



