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La noche de los No muertos - Parte Final

, Abrumado
31/oct/2006::13:20

Segunda Parte

Aun quedaban 5 horas de oscuridad cuando Juan y Tomas alcanzaron el borde externo del bosque negro. La noche había enfriado bastante pero ellos no se habían dado cuenta. Solo caminaban en silencio hacia la gran masa negra del bosque.

Las antorchas alumbraban su camino provocando sombras chinescas sobre el suelo.

Nadie iba al bosque negro de noche, ellos lo sabían. Lo había aprendido de niños cuando los ancianos les contaban aquellas historias de los muertos que caminaban sobre la tierra y de las almas malditas que buscaban en la noche a los humanos incautos para alimentarse de ellos. Ambos conocían esas historias que había formado parte de las tradiciones de su aldea desde las épocas de los abuelos de sus abuelos.

Entraron al bosque y de repente el silencio lo cubrió todo.

No escucharon nada más allá del sonido de sus pies sobre la grama al pisar las ramas podridas que yacían en el sueño . No habían somorgujos u búhos a su alrededor, no había grillos o el sonido sordo de un cernícalo abalanzándose sobre su presa. Solo había silencio. Un macabro silencio

- La neblina se dirigió hacia la montaña al otro lado del bosque – habló Tom – Allá tendremos que ir. Tendremos que cruzar el río en medio de la noche en algún punto de aquí hacia el norte

- Lo sé – respondió Juan – de allí deben de venir cada noche. Allá deben de tener su madriguera.

- Maldito Lázaro – respondió Tomas – el debe de haber sido el primero

- Como crees que se convirtió en lo que es ahora?

- No lo sé.

Ambos siguieron caminando. En el cielo vieron como una nube ocultaba la luz pálida del astro celeste. El bosque pareció más oscuro y amenazante.

- Cuando amanezca los habremos perdido – habló esta vez Juan – se ocultaran en su madriguera y para cuando vuelvan a salir ya será demasiado tarde para ambas

Tomas dejo de caminar – Mi hijo y mi esposa están muertos ya Juan. Yo no voy a rescatarlas, yo voy por venganza así tenga que dejar mi vida en eso. Es mejor que lo aceptes como lo acepto yo.

- No puedo aceptar que mi hija sea uno de esos seres. Tu no lo has visto. No sabes lo que son.

- Tal vez ya lo sea Juan. Has pensado en eso?

- No, no lo he pensado y no lo voy a pensar. Zaira es todo para mi . todo lo que me queda, No tengo nada más en la vida, así que perderla seria como que yo mismo este muerto.

Siguieron caminando por el bosque con las antorchas sobre sus cabezas preguntándose en silencio si alguna vez volverían a ver la luz del sol. Caminando por un camino de hierba crecido, entre los árboles oscuros y amenazantes que alzaban sus ramas al cielo como dedos deformes. En silencio, como si en vez de caminar por un sendero sobre la tierra fueran hacia el mismo infierno.

De repente una ligera neblina empezó a cubrirlos. Primero como hebras de una telaraña, casi imperceptible hasta convertirse en una malla cerrada que los cubrió de cuerpo entero. La luz de la antorcha se hizo inútil.

El corazón de ambos saltó al recordar que los no muertos siempre venían con la niebla.

- Ellos están cerca – dijo Juan tomando en su mano derecha el crucifijo.

Tomas hizo lo mismo. Luego miró hacia el cielo y vio como lentamente la niebla iba cerrándose sobre sus cabezas. El miedo empezó a recorrerle el cuerpo. Tomó el crucifijo y lo pegó contra su pecho.

De repente sintieron pasos a sus espaldas.

Juan volteó instintivamente mientras tomas soltó la antorcha que cayó sobre el suelo. También volteó a ver el lugar de donde el sonido se había producido.

Allí, en medio de la niebla, una figura femenina se acercó a ellos. No pudieron distinguirla bien al principio pero al irse acercando notaron que estaba vestida de blanco, con una túnica muy larga que llegaba hasta pocos centímetros del suelo. No vieron su rostro desde el inicio, pero notaron que tenia un cabello largo y suelto, que le llegaba hasta los hombros. Caminaba con soltura, como si el bosque fuera su hogar.

- Es una de ellos – susurró Tomas a Juan

La mujer se acercó. Por fin pudieron ver su rostro. Era hermoso. Sus labios eran rojos y su nariz perfilada Sus ojos eran grandes y vivos, de color marrón. Aun así, su belleza denotaba tristeza. Algo en su mirada te estremecía el alma.
Juan pudo notar que sobre su largo cuello colgaba un crucifijo

- No es una de ellos – habló Juan

La mujer se acercó a los dos hombres y los vio fijamente. Parecía no estar extrañada de la presencia de ambos en el bosque, así como tampoco asustada por las estacas y crucifijos que tenían

- Ustedes buscan a los niños – les dijo sin quitarles la mirada de encima. – han venido aquí a buscarlos.

- Quien eres tu? – le preguntó Juan

La mujer no respondió

- Eres una bruja! – gritó Tomas dando un paso hacia atrás.

La mujer no pareció afectada

- Yo puedo llevarlos donde están ellos, los he visto caminar por el bosque hace unas horas, en medio de la niebla. Llevaban a una niña pequeña y a una mujer que no eran como ellos. – Quien eres tu? – Alguien quien puede ayudarlos. No soy una amenaza para ustedes. NO soy como ellos – Que haces aquí? – Vivo aquí. En este bosque con mi madre.

Tomas no dejaba de apuntarla con la estaca, su rostro estaba preso del terror. No podía entender la visión de esa mujer en medio de la nada, lejos de la aldea.

- Por que paseas por aquí en medio de la noche? – No me pasa nada. El bosque es mi hogar. Los seres que lo habitan me conocen. Incluyendo a esos niños. – Esos niños son no muertos, han bebido la sangre de nuestra gente!!! Nos han matado y se han llevado a mi hija esta noche!!!

La mujer quedó en silencio durante unos segundos. Parecía no saber que hacer o decir. De repente habló

- Quieres a tu hija de vuelta? Todavía no es uno de ellos

- Si, quiero tenerla de vuelta a mi lado – Entonces camina conmigo. Yo te llevaré donde están ellos y podrás llevarla de vuelta a tu aldea.

Juan miró a Tomas. Este no parecía comprender lo que estaba pasando. Con un gesto, le pidió que bajase la estaca.

- Iremos contigo – le dijo Juan

- La mujer no sonrió. Volteó hacia el bosque y caminó tras de la niebla.

Juan y Tomas la siguieron.

La pequeña zaira caminaba de la mano del que había sido su pequeño amigo. No dejaba de sorprenderse de la agilidad de su compañero ni tampoco de la de los otros niños quienes la rodeaban. Se sintió extraña, como si el mundo fuera un lugar distinto, sin miedo, sin frío, sin dolor.

Notó como Angel no parecía tocar la grama bajo sus pies y como su mano, la cual asía con mucho cariño, era fría como una piedra que acabasen de sacar del río.

Vio también la ropa de su amigo. Estaba sucia y llena musgo. Aun así no sintió miedo ni tampoco asco de estar a su lado. El era su amigo. Su amigo Angelito.

Alrededor suyo había otros niños. Tres en total. Una niña, la que estaba mas cerca a ella caminaba con las rodillas hacia atrás como las patas traseras de un caballo, pensó Zaira y eso la hizo sonreír. Le parecía gracioso.

En un momento del paseo, pudo verla a los ojos y vio que era iguales a los de angelito. Le pareció extraña la sangre en su cara y en su ropa pero no dijo nada de esas cosas. No quería que su nueva amiga se sintiera mal.

Detrás del grupo caminaba un niño tomado de la mano de una mujer mayor, alta. Creía haber reconocido a la señora Ana pero no podía recordarla que ella fuera tan pálida por lo que no estaba segura si era ella realmente, aunque eso no le importaba por que estaba feliz de tener a su amigo angelito a su lado. Lo quería mucho y lo había extrañado desde que se fue, hace casi dos meses, de la aldea.. Estaba feliz de tenerlo al lado y aunque le daba miedo el bosque de noche, de la mano de su amigo el miedo se había ido.

Un poco mas atrás Zaira reconoció a Lázaro. Caminaba mas retrazado que La señora Ana y del niño que la llevaba de la mano, como si vigilase el movimiento de todos los demás-

A Zaira nunca le había gustado Lázaro. Su padre decía que era un chico que necesitaba de un padre de verdad , pero eso nunca le había parecido a ella. Ella creía que Lázaro era muy malo y que ningún padre podría haberlo corregido. Mientras caminaba recordaba las veces que él había golpeado a sus amigos y a ella misma mientras jugaban en el río o mientras acomodaban el pasto en el granero de la aldea.

Lázaro nunca había obedecido a nadie. Ni siquiera al padre Oswaldo que vivía con él desde que sus padres habían tenido las fiebres, la misma fiebre que había matado a su mamá, pensó Zaira.
El era malo y hubiera querido que no estuviese esa noche con angelito y con sus nuevos amigos, pero no podía hacer nada.

Seguían caminando por el bosque y zaira recordaba como su padre le había contado que Lázaro se había perdido allí, en el mismo lugar donde ella estaba y como le había hecho prometer que nunca iría para allá, nunca. Entonces entendió que su papá estaría enojada con ella cuando se enterará que había ido allí con angelito.

Entonces vio la rosa que aun llevaba en la mano. La miró con extrañeza intentando recordar por que la tenía allí. Recordó a su padre de pie ante la puerta y luego a Angelito y a Lázaro entrando a su casa y su papá gritando algo. Y se acordó que su papá le había dicho que la quería mucho y que siempre estaría con ella.

Y vio su otra mano como apretaba fuerte la de su amigo Angel y notó el gris de su piel y el olor a carne podrida que emanaba su compañero. Y se dio cuenta que ella no debía de estar allí

- Quiero irme a casa – dijo de repente

Angelito no volteó a verla. La asió con más fuerza de la mano

- Quiero irme a casa Angel – dijo, esta vez con mas determinación

Angel volteó a verla. Zaira notó la piel muerta de su rostro y los ojos oscuros.

El terror se apodero de Zaira. Gritó en medio del bosque. Intentó zafarse de la mano que la aprisionaba. Gritó con todo lo que pudo permitirle su pequeña garganta mientras jalaba fuertemente su pequeño brazo.

- Suéltame, suéltame!!! Quiero irme a casa!!! Suéltame

Las risas de los niños se escucharon alrededor de Zaira
Lázaro se acercó a ella

- Ahora estas con nosotros, te llevaremos a tu propia casa.

La niña vio los ojos del no muerto. A diferencia de los de Angel, los de Lázaro no solo se veían sin vida, si no que en ellos había algo más, algo que le hizo acordar a los ojos de un gato.
Lázaro estiro una mano y cogió el rostro de zaira. Alrededor suyo los demás niños rieron con pequeñas carcajadas que asemejaban al sonido de serpientes.

Se acercó al cuello de la niña con la boca abierta. Los colmillos amarillos brillaron en la oscuridad con una luz mortal. Zaira no podía moverse ni tampoco quería hacerlo. Solo miraba los ojos oscuros de Lázaro.

De repente, el no muerto vio el crucifijo que la niña tenia en el cuello.

Se alejó violentamente de ella gritando. No fue un grito humano. Fue como el aullar de un lobo herido en medio de la noche

- Maldita! – gritó Lázaro – perra maldita!!! , te mataré por esto!!!

Señaló hacia el bosque y el grupo volvió a caminar. Esta vez angel empezó a arrastrar a Zaira que presa del pánico trataba de zafarse inútilmente
Se internaron en el bosque con la niebla.

La mujer de blanco caminaba delante de ellos, despacio pero decididamente. No parecía dudar al pisar, como si conociera el camino de antemano, como si lo hubiera recorrido muchas veces.

De vez en cuando volteaba para esperar a los dos hombres que no podían mantener su paso. En aquellas ocasiones Juan podía ver su rostro y el crucifijo que llevaba colgado del cuello.

Pensó que era hermosa y se maldijo así mismo por eso. Estaba allí para rescatar a su hija , pero sin embargo no podía dejar de pensar en aquella enigmática mujer.

En casi una hora, habían cubierto la mitad del camino hacia la montaña.

- Por que conoces tan bien el camino – preguntó Tomas

La mujer no respondió. Solo siguió caminando

- Tienes al menos un nombre? – volvió a preguntar

La mujer se detuvo y volteó. En medio de la niebla su rostro se veía mas hermoso aún. Parecía enmarcado en plata, pensó Juan.

- Me dicen Nefertiti – respondió

Luego volteó y siguió caminando en medio del bosque.

Por fin escucharon el ruido del agua del río que cruzaba el bosque. En esa época del año era apenas un riachuelo pero aun así con suficiente agua para mantener a la aldea.
Se acercaron despacio en medio de la niebla. Por fin vieron la orilla.

Juan se acercó a la superficie del agua y se arrodillo. Tomó un poco con sus manos la acercó a su rostro. La bebió y por un instante se sintió bien.
Vio su reflejo en el agua. Notó el cansancio en sus ojos y su barba sin afeitar. Pareciera que hubiera trascurrido días desde que estaba en casa con su hija cuando de eso no había pasado ni una hora.

Miró hacia atrás suyo y vio un crucifijo en el aire. Su cerebro buscó relacionar lo que estaba viendo con algo racional pero no pudo.
Dio media vuelta y vio a la mujer detrás de él

- Tenemos que seguir – le dijo ella – quedan menos de dos horas de noche

Juan la vio como se alejaba por el camino. Volteo a ver a Tomas que no se había dado cuenta de nada de lo que había pasado.

Decidió seguir caminando.

El bosque había dejado de ser un campo tupido de árboles altos para convertirse en un gran espacio con cada vez menos vida. Mientras caminaban y a pesar de la neblina, ambos hombres notaban que la mano del mal se había posado muchas veces allí, quitando la gracia de la vida de los arboles, del pasto, y de los animales. Allí, en ese lugar se respiraba muerte. Era una sensación extraña, pensó Juan, parecida a la de un cementerio abandonado. Nadie de la aldea venia a ese lugar del bosque nunca, ni siquiera a plena luz del sol.

Y estaba esa mujer que caminaba por esos parajes sin dudar del camino. Esa mujer que portaba un crucifijo colgado del cuello y que no podía reflejarse en la superficie del río.

De repente un ruido sordo los sorprendió. Era como el crepitar de la madera seca sobre un fuego. Los rodearon en apenas unos segundos. Juan asió con fuerza una estaca

- son murciélagos – dijo la mujer –criaturas de la noche. Estamos cerca de la madriguera de los niños.. Tenemos que tener cuidado.

- Que son esos niños – preguntó Juan a la mujer – Criaturas de la noche. Almas malditas

- Tu eres una criatura de la noche? – Preguntó Juan

La mujer volteó a verlo. Juan la miró a los ojos directamente.

- Si lo soy. Pero de mi no tienes que preocuparte – le respondió Nefertiti.

- Llevas un crucifijo colgado del cuello

- Todos llevamos un crucifijo colgado del cuelo – le respondió – el mío lo puedes ver . Cual es el tuyo Juan?

De repente unas risas se oyeron en el bosque. Fueron como susurros que comenzaron a crecer lentamente.

- Papá, estoy aquí con mamá – dijo una voz. – ven a jugar con nosotros papá , ven!!!

- Es mi hijo ¡ -dijo Tomas – esta aquí!!

- El ya no es tu hijo – dijo Nefertiti – Tu hijo esta muerto. Ese ser que oyes no es tu hijo. Y tu mujer tampoco es el ser quien lo acompaña

Tomas miró hacia la oscuridad. Nuevamente una lágrima cayó por su mejilla. Cerró los ojos un momento y apretó fuertemente el crucifijo que llevaba colgado del cuello.

- Lázaro sabe que estamos aquí – volvió a decir la mujer – quiere separarnos. Quiere que vayas a otro lado del bosque.

- Lo sé, puedo entenderlo – dijo Tomas – pero igual tengo que ir por ellos. Son mi familia
Juan miró a su compañero y observó las lágrimas y el dolor que lo embargaban. Eran su mismo dolor, su mismo pesar., pero a diferencia de él, todavía conservaba a Zaira en su vida. Todavía tenia esperanzas de encontrarla viva

Se acercó a su compañero y lo abrazó,

- Que Dios te acompañe amigo, y que guíe tu mano en lo que tengas que hacer.

Tomas lo miró a los ojos. Sin decir nada devolvió el abrazo. Se dio media vuelta y fue hacia la niebla, adonde había escuchado la voz de su hijo.

Juan lo vio meterse entre la bruma del bosque. No volvería a verlo nunca más.

- Tenemos que continuar. Estamos cerca a su madriguera. Cuando amanezca ya no podré ayudarte y tu hija estará perdida.

- Dime quien eres

La mujer miró hacia el vacio. Buscó la oscuridad del bosque para poder recordar quien era lo que había sido. Recordó su juventud en otro lugar y la maldición que la había convertido en lo que era

- Soy un vampiro – dijo ella

Juan pareció no entender. Sus ojos se posaron sobre el crucifico que colgada del cuello

- Alguna vez has sentido hambre Juan? – le preguntó la mujer – has sentido tal hambre que crees que tu estomago y tu espalda van a juntarse? Que crees que ni siquiera el aire que respiras es inútil?

El hombre permaneció en silencio.

- El dolor del hambre es como un fuego que te quema por dentro. Lo he sentido muchas veces. Muchas veces. Y solo hay dos cosas que duelen más que eso. El quitar una vida para alimentarte y el dolor de un crucifijo sobre mi pecho. No hay nada peor que eso.
En mi otra vida Juan yo fui una mujer que amó y fue maldita por eso. Fui maldecida con la vida eterna y el deseo inaguantable de la sangre caliente en mi garganta. Pero decidí hace muchos años no matar para vivir. Decidí soportar el dolor de este símbolo sagrado para los hombres como tu sobre mi pecho, para no convertirme en un animal que bebe la sangre de los seres a los que alguna vez pertenecí. Esta es mi cruz Juan. Y prefiero cargarla cada noche en medio de este bosque antes de volver a tomar una vida para alimentarme. El dolor de esta cruz sobre mi me hace olvidar que tengo hambre.

La vampiro quedó en silencio. Luego levantó los ojos al cielo.

- Hace muchos años que no veo un día de sol. Que no puedo sentir el canto de un pájaro. Hace mucho que no siento la caricia de un hombre Juan. La vida eterna es una maldición que no le deseo a nadie. No se la deseo a tu hija.

Juan pareció reaccionar. En todo el tiempo que Nefertiti había hablado, él había permanecido escuchándola en silencio. Entendió entonces lo que se decía sobre la fascinación que estos seres ejercían sobre quienes los observaban.

- Estamos cerca de su madriguera? – preguntó Juan

- Allí, allí está. En esas cuevas, bajo los cipreses muertos – dijo su compañera – Allí esta tu hija.

- Papá papá , ven – se oía en el bosque mientras Tomas caminaba en medio de la niebla. Durante los últimos 5 minutos había seguido la voz del niño alejándose de sus dos compañeros. Tenia aferrado a su mano derecha el crucifijo y a la izquierda una estaca de madera.

- Papí, dice mami que volveremos a ser una familia los tres juntos – decía la voz mientras lo guiaba a través de la niebla.

Su hijo Luis había sido la luz de sus ojos cuando llegó a su vida. Recordó como su madre le cantaba cada noche esa canción del búho que se enamoró de la luna y como Luis sonreía al escucharla. Su Luis había sido un niño perfecto, hermosos, de una inteligencia precoz. Su hijo Luis lo abrazaba del cuello y le besaba en el rostro cuando llegaba de las faenas del campo y le decía que cuando él fuera mayor lo ayudaría con el arado y los bueyes.

Pero él sabia que ese ser monstruoso que lo guiaba en ese bosque maldito no era su hijo Luis.

- Estoy detrás de ti hijo! – gritó Tomas

Solo escucho una risa. La misma que había oído esa misma noche en su casa, antes que su esposa lo golpeara y saliera a la niebla.

De pronto, en medio del bosque y parcialmente cubierta por la bruma, la vio.

Era Ana, su esposa. Sentada sobre un tronco caído, tenía a un niño en sus brazos. Era Luis. La cabeza del peque ser descansaba sobre el brazo derecho de la mujer. Su cuerpo sobre su regazo. Con la mano izquierda acariciaba el sucio cabello del no muerto.
Se acercó a su mujer y la vio.
El suave cabello que había tenido su esposa en vida era ahora solo paja oscura, Sus ojos azules e inmensos los cuales contemplaba cada noche cuando le hacia el amor habían perdido su color y ahora eran solo dos soles negros en sus cuencas. Su boca, que en ese momento tenia una expresión de dulzura eran los propios de una marioneta rota.
Ella ya no partencia al mismo mundo que Tomas. El lo entendió al verla apagando con su presencia el último rezago de esperanza que todavía anidaba en su pecho.

- Tomas – le dijo la no muerta – mira Tomás, nuestro hijo ha vuelto a nosotros. Ahora podremos ser una familia nuevamente.

El hombre se quedó de pie. Contempló horrorizado el cuerpo de su mujer y de su hijo. Un dolor recorrió todo su cuerpo. No era un dolor físico, si no el dolor de quienes han perdido todo en la vida. Incluso la i.e.

- Si Ana – habló Tomas – seremos una familia nuevamente.

Se acercó a ellos y se puso de rodillas. Su rostro quedó muy cerca del de la no muerta y reprimió el deseo de llorar al ver a lo que alguna vez había sido su esposa convertida en ese monstruo

- Papá, te quiero besar

- Si hijo, puedes besarme si quieres

Sintió los brazos del muchacho rodear su cuello. Y vio a la no muerta sonreír. Ël la beso con ternura.
Metió la mano al bolsillo y sacó el crucifijo y lo puso en la frente del muchacho. Este gritó.

- AHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!! , maldito bastardo!!!!!!!!!!!!!!!

Con su brazo izquierdo y mientras la no muerta parecía confundida con lo que pasaba, levantó una estaca y la hundió en el pecho de Ana.

Ella gritó también. Cayó hacia atrás y se rastró por el suelo. Sus manos se agitaban en el vacio mientras gritaba. Sus ojos parecieron hundirse en el cráneo y su piel, que hasta hace algunas horas había sido rosada y lozana, fue poniéndose poco a poco como el cuero viejo. Y luego se hizo polvo.

Tomas volteó y vio al ser que alguna vez había sido su hijo que todavía se agitaba por el dolor del contacto con el crucifijo. Se acercó a él decididamente con una estaca levantada dispuesto a hundirla en su pecho.

- Papí, por favor, no lo hagas, no lo hagas! – decía ahora el monstruo.

Tomas se colocó encima del niño. Vio sus ojos oscuros y malignos que lo miraban con odio.

Demonio! Tu no eres mi hijo.!!!!

Gritó mientras hundía la estaca repetidamente sobre su cuerpo

- No eres mi hijo!!! No lo eres!!!! Mi hijo esta muerto!!!! Esta muerto!!!!!

Cada vez que el pedazo de madera separaba la carne del no muerto, sangre negra y purolosa escapaba del cuerpo del no muerto. El rostro y la ropa de Tomas se fueron manchando con el liquido

- No eres mi hijo!!! – gritó por ultima vez Tomas.

Respiró lentamente. Vio sus manos y las vio oscuras y sucias. Estaban manchadas de sangre y de tierra.

Se puso de pie y contemplo el terrible espectáculo que tenia al frente. Su esposa y su hijo ya no estaban. Ahora solo había polvo donde antes habían estado sus cuerpos.

Y Tomas lloró mientras buscaba otro estaca y la colocaba en sus dos manos. Lloró por su hijo y su esposa y por el mundo oscuro y terrible donde habían vivido.

Y esta vez él hundió la estaca contra su estomago. No sintió nada. La muerte sería piadosa con él esa noche. Cerró los ojos y espero que su vida se escapara por esa herida y rogó al cielo que en el otro mundo, su mujer y su hijo le esperaran sonriendo y que los bosques no fueran oscuros y terribles. Pensó en Ana, su esposa, y Luis su hijo y en lo dichoso que alguna vez había sido con ellos en la aldea. Se olvidó del bosque y de los no muertos y suspiró por última vez.

- Tomas ha muerto – le dijo Nefertiti a su compañero – puedo sentirlo. Su esposa y su hijo también descansan. El murió tranquilo

Juan escuchó la noticia impasible. El ya estaba muerto desde antes , recordó. Se lo había dicho hace apenas tres horas.

- Espero que haya encontrado la paz con su familia.

- Si, así fue.

Juan miró la madriguera de los niños. Se dio cuenta que era ahora su turno de buscar a su hija.

- Lázaro esta allí. Está esperándonos

- ¿Como lo sabes? – preguntó el hombre

- Puedo sentirlo. El tiene una conexión conmigo. Somos dos caras de la misma moneda. El ha sufrido mucho. No entiende que somos

- El me atacó en la aldea. Pudo haberme matado pero no lo hizo.

- Fui yo quien le dijo que te dejara.

- Fuiste tu? Tu estuviste en la aldea?

- Si. Todo este tiempo he intentado detener a Lázaro, pero él es una fuerza de la naturaleza. Y solo un mortal puede quitarle la vida a un no muerto. Yo no lo he podido detener. Pero tu si puedes. Puedes acabar con el sufrimiento de su alma.

- Yo solo quiero a mi hija. Y si eso significa matarlo a él y a los otros eso haré.

- Yo no puedo ayudarte en eso. Pero estaré a tu lado Juan.

Juan encendió otro antorcha y se dirigió a las cuevas. El fuego, amortiguado por la niebla, apenas alumbraba su camino. Sus pies se dirigían resueltos a la oscuridad total de esa madriguera.
Pensaba en su hija, en su pequeña zaira.

Por fin se encontró en la entrada.

Dio un paso adelante y la oscuridad de la cueva se vio rota por la luz de la antorcha. Allí adentro, el olor a podredumbre era intenso. Miró hacia atrás y vio a Nefertiti a su lado. Con la luz de la antorcha sus facciones se veían casi perfectas.

Caminó unos pasos mas hacia dentro de la cueva que como una gran boca se hundía en la montaña.

Están dentro Juan, saben que estamos aquí.

De repente se escucharon unas risas que fueron amplificadas por el eco.. Juan tomó el crucifijo en la mano. Vio hacia fuera y notó que las primeras luces del alba aparecían a lo lejos.

Esta por amanecer Nefertiti, tienes que irte. Que el día no te encuentre en el bosque

No te preocupes por mi. Estoy donde debo de estar. Ve por tu hija.

Juan dio unos pasos mas. La luz de la antorcha se reflejaba en las paredes de la piedra rocosa. El suelo estaba cubierto de ramas muerta y pasto gris. No había nada de vida en ese lugar . Lo podía sentir.

De repente una sombra saltó hacia él.

No pudo evitar que la figura lo tumbase. Soltó la antorcha al caer. Esta no se apagó pero cayó lo suficientemente lejos para que apenas pudiese ver a su atacante. Una pequeña niña con las piernas deformes lo miraba desde el otro lado, agazapada como un animal a punto de atacar.
Juan tomó su crucifijo entre las manos y espero que ella saltase.
Como un animal la niña saltó contra el hombre. El lo colocó enfrente justo cuando la niña caía sobre él
.
El pequeño ser se agitó en el suelo al contacto con la figura sagrada. El hombre se acercó a ella y le hundió una estaca en el pecho.

Su respiración estaba agitada aún cuando el pequeño monstruo comenzó a retorcerse en el suelo. Vio como poco a poco el cuerpo deforme de la niña se agitaba y se iba convirtiendo en polvo.

- Lázaro sacrificará a todos por la niña Juan. El la necesita. – dijo la vampiro

El hombre volvió a coger la antorcha. Un sudor frío recorrió su cuerpo. Su hija estaba allá dentro y sabría el cielo que otros horrores le tocaría vivir a él antes de poder rescatarla.

De repente, a lo lejos, en medio de la cueva, observó una luz.
Se acercó decididamente y cuando estaba a unos metros vio que allá dentro había dos antorchas en las paredes

- Llegó el momento Juan – le dijo la mujer – recuerda. El hará todo lo que tenga a su alcance para tener a tu hija.

Juan no dijo nada y caminó,

En la oscuridad rota por la luz, el vio tres figuras de pie frente a él. Reconoció en el acto la silueta de su pequeña hija. De Zaira. A su lado, un pequeño ser monstruoso la tenia de la mano. Reconoció también al no muerto que había estado en su casa. El tercero era Lázaro, maligno, con sus ojos llenos de rencor miraba a Juan y a su acompañante.

- Veo que la bruja te trajo aquí

- Devuélveme a mi hija

- Pobre mortal. Vienes a mi casa y me exiges que te de a uno de los nuestros?

- Ella no es como ustedes, déjala

Lázaro lanzó una carcajada.

- Quien te lo ha dicho? La bruja que tienes al costado? Te ha dicho ella quien es?

- No me interesa quien sea ella. Deja a mi hija ahora – dijo Juan apuntando la cruz hacia ellos.

Lázaro siseo como una serpiente al ver la figura frente a él.

- Te mataré por haber traído eso a mi casa maldito mortal.

Juan vio como el más pequeño de los tres seres se abalanzaba sobre él. Esta vez pudo esquivarlo. El ser se dio media vuelta y se acercó hacia él. Si querer se había puesto entre Lázaro y el ser.

- Vas a morir mortal.

- Angelito no! –gritó zaira.

El no muero pareció dudar un momento.

- Angelito no lo hagas!! El es mi papá!!!

Juan levantó el crucifijo y lo puso cerca de los ojos del ser. El gritó y trato de retroceder mientras sentía el horror de tener el símbolo sagrado tan cerca. Cayó de bruces al suelo.

Juan levantó una estaca y la hundió en su pecho.

Del otro lado de la habitación escucho un grito inhumano.

- Te mataré mortal!!! , te mataré con mis propias manos!!! Beberé tu sangre y te mataré ¡!! – gritó Lázaro mientras se acerca a Juan, que de pie con el crucifijo como escudo lo esperaba

- Tu hija será siempre mía!!! Iremos a tu aldea y robaremos a sus niños!!! Acabaremos con ustedes!!! Pagarás con tu sangre y la sangre del resto como tu tu afrenta de esta noche.

- No habrán mas muertes esta noche – dijo la vampiro, que en todo momento había asistido en silencio

- Cállate bruja!!! Le has dicho que tu me hiciste lo que soy? Que tu bebiste mi sangre? Le has dicho que tu eres la culpable de la muerte de todos????? – gritó Lázaro sin quitar los ojos de encima de Juan

- Fuiste un error Lázaro. Fui débil y te creé. Pero hoy ya ha habido muchas muertes. Solo debe de haber una más. Que es la tuya

- Bruja maldita!!!! Cuando acabe con este mortal yo mismo hundiré una estaba sobre tu pecho!!!

Nefertiti colocó una mano sobre el cuello de Lázaro. Este se paralizó al sentir el tacto frió de la vampiro

- Crees pedazo de estiércol que puedes hacerme algo? Crees que puedas siquiera amenazarme con tu patética existencia?

- Lázaro golpeó a la vampiro en el cuerpo con uno de sus brazos. Ella pareció no haberla sentido

- Debí haberte matado cuando me di cuenta de mi error, Debí haber….

Nefertiti no pudo ver a Juan acercarse por la espalda y rodeándola hundir una estaca sobre el estómago de Lázaro. No lo soltó cuando empezó a agitar su cuerpo y a sentir como se le iba la vida.

- No!! – Gritó Nefertiti – no!!!!! No mas muertes, no!!!!!!

Dejó caer el cuerpo de Lázaro que estaba ya convirtiéndose en polvo. Volteó a buscar a Juan que tenia ya a su hija en los brazos.

- Vete mortal, vete de aquí y llévate a tu hija en tus brazos. Nunca vuelvas al bosque. Nunca vuelvas.

Juan cogió del brazo a su hija y corrió hacia la salida de la cueva. Hacia la luz del sol. Hacia la libertad.

Zaira estaba en silencio mientras caminaba, a pesar que su padre prácticamente la llevaba arrastrando a través de la cueva

- Estarás bien hija, te lo prometo. Estarás bien mi amor – le decía mientras se acercaban al borde de la cueva.

- De pronto la niña empezó a llorar

- No papá no me lleves!!! No me acerques al sol papá!!! Quiero estar aquí

- Que pasa hija???

- El sol me hace doler papá!!! Mientras mas nos acercamos a la luz siento que me quema!!!

Juan se detuvo a menos de 10 metros de la cueva. Se acercó a su hija y la vio de cerca. Sobre su cuello encontró dos marcas. Dos marcas que destrozaron lo que quedaba de su vida. Dos marcas que significaba que había llegado muy tarde por Zaira. Por su alma, por su hija.

La miró a los ojos. Una lágrima se asomó a sus ojos

- Mi zaira. Mi hija. Te quiero

- Yo también te quiero papá.

- Sabes que nunca dejaré que te pase nada malo hija – le dijo el padre mientras acariciaba su cabello

- Si papá. Lo sé. Vas a matarme papá? Como mataste a angelito?

- Hija mia!!!! Te amo!!!!!

Juan se puso de pie y tomó de la mano a su pequeña hija y entro a la cueva. A la oscuridad.

El bosque, 40 años después

- Eso es lo que pasó – dijo el viejo – es lo único que se sabe de la historia – Desde ese día se dice que la dama blanca vaga por el bosque, buscando la redención por Lázaro y el amor de un hombre que conoció solo una noche.

- La han visto maestro? – preguntó uno de los niños – la han vuelto a ver?

El anciano nuevamente levantó la vista hacia el cielo. Respiró hondo. Sintió el frío del aire en sus pulmones. Era un hombre viejo pero recordar la historia lo hacia sentir como un muchacho nuevamente

- Dicen que en las noches como esta ella se deja ver. Lo hace para que no la olvidemos. Para que no olvidemos lo que la vida puede hacerte por amor. Para que no olvidemos que aunque vivamos en la aldea, aunque haya fuego en nuestras hogueras y tengamos ropa en nuestros cuerpos, seguimos siendo en el fondo seres del bosque como ellas. Seres de la noche. Seres que buscan el perdón

Los niños se quedaron en silencio por unos segundos. A lo lejos un búho cantó.

- Y usted la ha visto maestro?

El anciano dudó unos instantes antes de responder. Sus ojos se llenaron de lágrimas

- Hijo mío, hay cosas que nunca se cuentan. Ni siquiera en la noche de los muertos.

Los niños yacían dormidos en sus tiendas. Desde fuera, el anciano podía escuchar sus respiraciones monótonas. Era muy tarde y ellos estaban cansados.

Se puso de pie con sus cansadas piernas. Miro al campamento y sonrió satisfecho. Estaba solo. Como cada noche en la noche de los muertos desde hace 40 años.

Caminó con su paso cansino en medio del bosque buscando la niebla esquiva de los muertos su niebla. Lo hizo con una sonrisa en los labios, recordando la vitalidad que poco a poco se había ido de su vida. Esa noche el no era un hombre viejo.

Por fin encontró la niebla. O fue la niebla la que lo encontró. Lo rodeó lentamente.
En medio de la niebla una figura de una mujer alta vestida de blanco con un crucifijo lo esperaba.

- Veo que has traído niños a mi bosque – le dijo la mujer

- Querían oír tu historia Nefertiti

La dama sonrió.

- Estas hermosa – le dijo el viejo

- Y tu estas viejo Juan – le respondió la mujer

- Ha venido contigo?

- Ella siempre esta conmigo

En medio de la bruma una pequeña niña, hermosa como una rosa, con un vestido blanco y un crucifijo en el cuello se les acercó

- Mi zaira, mi hija – dijo el viejo

Sobre sus cabezas, un somorgujo cantó

Fin

Boomer (Lima, 31 de octubre de 2006)

Dedicado a una mujer interesante

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Han escrito 10 comentarios de «La noche de los No muertos - Parte Final»

foto Y2K
Martes 31 de octubre, 2006 13:37.

fiu! muy interesante, me gusto y x lo q leo escribes muy seguido historias.
vale, eres un crack

foto pink_butterfly
Martes 31 de octubre, 2006 13:56.

Luis! si te digo que se me salieron las lagrimas no te burlas????, o sea me encanto!:) muchoooo!

foto xtrellita
Martes 31 de octubre, 2006 13:57.

oieee si ehhh
estuvo geniaL, muxhas gracias por escribir y por permitir que nosotro unos simples mortales los leamos

saluditos

foto boomer
Martes 31 de octubre, 2006 14:02.

gracias chicos…
vaya. como te dije no fue mi intención hacerte llorar…
esta linda. si. estuvo bonita escribirla :)

foto presu
Martes 31 de octubre, 2006 14:13.

Muy buen relato Boomer, se te filtra mucho el asunto paternal, será que ya estas dando el viejazo? o tu semilla se esta convirtiendo en jocoque?

Pd. me gusta mas el nombre de zombies, en lugar de no muertos , digo es mi opinión, saludos..

foto boomer
Martes 31 de octubre, 2006 14:20.

jajajaja
fernando!!!! como estas??? no sabia que estabas leyendo esta historia!!!

se me filtra el asunto paternal? pues si…como queya me quiero reproducir (que romantico). Solo estoy esperando encontrar con quien.

De hecho los no muertos son vampiros, no tanto zombies. Hay en la cultura andina una leyenda acerca de la cjarcacha. Es una entidad malefica que bebe la sangre de los vivos y en ocasiones se alimenta de su carne. La imagen de los no muertos de la historia es la que se asocia con ellos….
:)

foto Skazi
Martes 31 de octubre, 2006 14:21.

Pues mexicanas no lo creo, las buenas son las Australianas.

foto _cafe_au_lait_
Martes 31 de octubre, 2006 15:09.

Bien pues… me dejo un buen sabor de boca. Es tan cercano a los relatos de la gente del campo, en verdad. ¿Sabes? Mi abuelo nos relato que siendo un chaval el y sus amigos vieron una noche una mujer de cabellos largos vestida de blanco, caminando rumbo a los campos de caña. Y la siguieron sin explicarse porque, como hipnotizados. Ya tenian rato caminando en la oscuridad, siguiendola de cerca, hasta que uno de ellos se fijo que no pisaba el suelo, que solo flotaba, y se lo dijo a los otros, que reaccionaron y salieron corriendo todos. Y se lo contaron a los mayores y les dijeron que era La Llorona, que se llevaba a los niños al rio, ellos se metian y los dejaba ahogarse.

El desenlace de tu cuento, me parece honesto. El amor filial es en ocasiones egoismo puro… por ellos, lo que sea, como sea, pero nos mueve el amor.

Shalalala… bueno ya puedo dormir a gusto sabiendo que lo terminaste y lo pude leer. Ciao :)

foto sailormoon
Miércoles 01 de noviembre, 2006 07:31.

orale guey que te puedo decir yo, esta genial un final que la neta no te esperas…...usas palabras muy propias, jajajaja como sabes tanto?......ojala que muy pronto nos hagas otra historia de lo que sea. besos.

foto kemx
Miércoles 01 de noviembre, 2006 13:28.

no me gusto el final…. :(

no quería que sairita se muriera =´´(

Y pinchi me hiciste llorar al princiio de la historia, cuando la mamá sale a buscar al niño… :P

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