La verdad a mi no me gustan los matrimonios.
Tengo que aclarar lo que acabo de poner…no es que no me guste el matrimonio como institución, al contrario, gracias a un matrimonio tuve un padre en mi vida, un excelente hombre que no solo me dio su apellido si no también su ejemplo de rectitud y nobleza. Cuando digo que no me gusta los matrimonios me refiero a que no me gusta la ceremonia religiosa, ni menos aun la rara ceremonia llena de ritos paganos mezclados con huachafería en una suerte de ceremonia sincrética que vienen después de los matrimonios mayormente religiosos.
Y digo esto por que el día sábado tuve la mala fortuna de acompañar a una amiga como pareja a una de estas incomprensibles ceremonias que unen ante los ojos de dios a un hombre y a una mujer para toda la vida, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe o un juez decrete la separación (y liberación al mismo tiempo) de la pareja en cuestión.
Cuando era joven nunca me gustó ir a estas reuniones básicamente por que todo lo que viene acompañado de un “para toda la vida” suele tener una connotación demasiado seria para un adolescente. Y cuando fui creciendo y mis compañeros de la escuela o de la universidad empezaron a dar este transcendental paso mis opiniones sobre esta ceremonia no fueron mejorando. De hecho, cuando yo tuve la mala fortuna de dar este paso no recuerdo haber sonreído en toda la ceremonia hasta que mi querido juez de paz que decretó que yo tenía que darle casa, auto y dinero a mi ex esposa también decreto que el matrimonio ya estaba disuelto, al menos desde el punto de vista legal, sonrisa que me acompaña la mayoría de mañanas de mi vida.
En fin, el sábado estaba acompañando a una miaga como les estaba contando a una de estas terribles experiencias. Para variar en mi vida, no pude llegar temprano a la ceremonia por que el simple acto de esperar que una mujer este arreglada, vestida y peinada para la hora previamente acordada sigue siendo un acto de fé destinado al fracaso. Pues eso paso, y mi querida amiga, ataviada con sus mejores galas, adornada con sus mejores y únicas joyas y peinada de una manera que desafiaba la gravedad estuvo recién lista 30 minutos después del horario previsto., si a esto adicionamos que el trafico de Lima suele ser un caos aleatorio ya se darán cuenta por que llegamos casi 30 minutos después de empezada la ceremonia.
Lo primero que noté es que la novia, una linda chica de 24 años, estaba embarazada. No es que fuera muy difícil notarlo, al contrario, estoy seguro que ese vestido de novia blanco lo compró en la zona de futuras madres de alguna tienda comercial. De hecho que fuera ya de color blanco era más una broma de mal gusto que un acto de respeto a la tradición del sacrosanto matrimonio. Eso si, tengo que reconocer que la maquilladora se había realmente esperado con ella por que lucia muy bien la chica, para ser una mujer gestante de por lo menos 5 meses. Bien dice que tener una vida en el vientre te da un brillo especial en el rostro.
Al lado de la chica estaba el novio, el mismo que parecía sonreír nervioso a los comentarios que hacia el sacerdote, todos con referencia al respeto y la fidelidad en el hogar. De lejos sentí una especie de deja vuh, como si mi vida hubiera entrado a alguna especie de universo paralelo donde hubiera retrocedido unos años y yo fuera el tipo de traje negro que estaba al lado de la chica de traje blanco. No les voy a negar que casi casi me invadió el mismo desasosiego que parecía embargar al futuro esposo y padre de familia.
Una vez terminada la ceremonia pude tener una idea mejor de la gente que había ido al matrimonio. Lo típico de siempre, chicas jóvenes ataviadas con sus mejores vestidos y mostrando mas piel de lo necesario, cosa que agradezco yo bastante. Un grupo de mujeres, casi todas pasando los 30, muy bien arregladas demostrando que la belleza puede ser como el vino si uno esta dispuesto a sufrir para conservarla. Y el infaltable grupo de señoras mayores de 50 años, conversando y recordando los viejos tiempos que se fueron hace algunos años. Cuando ellas les tocó ser la actriz principal de este acto de sacrificio llamado de matrimonio.
Yo estaba parado a un lado observando todo lo que pasaba. Mi amiga, una mujer muy simpática de 28 años, estaba muy entretenida conversando con sus primas de esas cosas que se hablan siempre en los matrimonios. Algún día les comentaré que tipo de relación llevo con esta chica, que es una especie de amiga-pareja social, ya que yo la acompaño a matrimonios, fiestas, quinceañeros y todas esas cosas que odio y ella a cambio se ha convertido en una especie de paño de lágrimas y ama de casa que me ayuda a limpiar mi departamento los fines de semana. No hay una relación romántica pero si hay una relación sentimental llena de amistad y compañerismo.
De repente, y cuando menos lo esperé empezó la ceremonia que siempre he visto y nunca he podido entender. Primero el lanzamiento del bouquet para lo que le pidieron a las solteras, en edad casadera, que se ubiquen atrás de la novia para recibir ese atajo de flores que significase que cualquiera de ellas que tuviera la suficiente suerte y habilidad para agarrarlo en el aire sería la próxima en vestirse de blanco y comprometerse para toda la vida en conservar a un hombre que inevitablemente se va a ir deformando y desgastando con el avanzar del tiempo. A este punto quisiera hacer una pregunta:
¿realmente alguna mujer cree que la novia va a lanzar el bouquet al primer intento?
Es imposible imaginar un acto tan inútil, tan inocuo, tan desagradablemente fútil como el primer intento de una novia de lanzar su ramo de flores. Tengo 35 años , he asistido a decenas de matrimonios en mi vida y nunca he visto una sola novia lanzarlo a la primera oportunidad. Por eso pregunto yo, por que simplemente no hace ese primer intento sin que nadie se ponga detrás suyo? No nos ahorraríamos todos un montón de tiempo si por una vez en la vida una novia usara la lógica y lanzara el bouquet al primer intento?
Durante mucho tiempo las generaciones futuras se preguntarán lo mismo que acabo de hacer yo y seguramente habrá muchas teorías que se formularan pero siempre las novias dejarán el lado lógico de la vida y harán ese inútil primer intento.
Por cierto, alguien lleva la estadística de las mujeres que se casaron después de haber cogido un bouquet en un matrimonio? Alguien puede decirnos cual es la media de mujeres casadas que tuvieron el dudoso privilegio de ser mas rápidas, mas ágiles y mejor ubicadas que sus amigas solteras en el momento del lanzamiento maravilloso?
En el matrimonio del sábado por ejemplo, la afortunada fue una chica, un poco subida de peso, con cabello corto y lindos ojos verdes. Bueno, pregunto yo, la chica (que no pasaba de los 20 años) realmente quiere ser la próxima en casarse? Debí de haberle preguntado esa noche.
Lo demás siguió como de costumbre, se sacó una liga de la pierna, uno delos amigos del novio se la puso a otra chica, se brindó, se bailo el vals y los novios partieron raudos, a un hotel de donde irían al otro día a votar (ayer domingo se celebraron elecciones generales en mi país) y tengo entendido que después partirían a Centroamérica, a empezar su vida juntos en playas donde lo que sobran son miembros del sexo opuesto con minúsculos bikinis o ropas de baño.
Como terminó mi noche? Pues dejando a mi amiga en su casa a las 11 de la noche. NO tengo ningún tipo de interés romántico en mi amiga , al contrario, considero que una amistad tan linda no debería de ser manchada con otro tipo de relación. Además mi mente y mi corazón estaban muy lejos, en otro lugar.
Mi conclusión a todo esto que el matrimonio sigue contando con buena salud… no me gustan, no me gustaban y no me gustaran, pero estoy seguro que el amar a alguien bien vale el sacrificio.
Escuchando: She used to be mine


