El recuadro celeste del Messenger apareció en un extremo de la pantalla y Silvia sintió que algo se estremeció en su pecho. Un recuerdo agridulce llegó a su cabeza e hizo que un ligero temblor recorriese su espalda.
Lo recordó con el dolor de su corazón.
Recordó sus promesas, sus palabras hermosas, esos largos e imaginativos escritos que descubrieron para ellas infinitas manera de decir te quiero a la distancia que había sabido escribir al otro lado del mundo, al otro lado de esa computadora que de una u otra manera, había sido el vinculo entre sus corazones. Entre sus almas gemelas como el le había dicho alguna vez que eran.
una lágrima apareció sobre su mejilla. Hermosa rodó sobre su parpado lentamente, defractando la luz sobre su superficie. Si alguien la hubiera visto en ese momento, hubiera notado la belleza de sus ojos magnificada por el liquido que comenzaba a formarse y se hubiera sorprendido con los mil y un colores que se formaban mientras caía rodando sobre la superficie de su piel.
Lentamente tomó el Mouse con su mano derecha y lo llevó al espacio en blanco. Colocó allí el nombre de su cuenta y luego su contraseña.
Apretó la tecla enter.
Y recordó como él llegó a su vida, hace casi 12 meses.
No lo esperaba. Sencillamente llegó en la forma de palabras e ideas y una foto desencajada. Llegó una tarde de invierno, cuando a través de la ventana ella podía observar la lluvia cayendo con el fondo gris del cielo de su ciudad.
Al principio no lo llamó la atención, era una persona mas. A sus 27 años, había conocido a muchas personas como esa en Internet. Algunos habían sido sus amigos, otros habían sido solo un email que llegaba un día para olvidarse al otro.
Vio el titulo de un post escrito por él y aunque no era nada interesante, algo hizo que ella se sintiese atraída por esas cortas palabras:
“Hoy no me dueles”
Y un clic la llevó al mundo del hombre.
Sabia escribir, eso era evidente. No era como el común de bloguers que van por el mundo creyéndose genios y galanes con una pésima ortografía y un ego inflado mas allá de su habilidad. Al contrario, el hombre hablaba sobre su propia debilidad, sobre su propia manera de sentir que no pertenecía al teatro del mundo que lo rodeaba. Y hablaba de la soledad de sentirse rodeado por personas que esperaban mas de él de lo que el mismo podía dar.
Interesante se dijo para ella misma. Interesante. Ese día ella decidió dejarle unas palabras, cortas, sin mayor compromiso, pero palabras al fin. Lo hizo y cerró la página. Volvió a su mundo.
Su mundo pensó, mientras recordaba esos primeros momentos con la pantalla celeste convertida en un fondo blanco y decenas de contactos frente a sus ojos, su mundo de hace doce meses, ordenado, pero sin felicidad , sin color, sin fuerza. Sin la fuerza que él le daría meses después
De repente vio un contacto que la saludaba con un escueto hola Silvia. Lo miró y reconoció a una amiga de mucho tiempo, con la que había pasado horas conversando sobre el príncipe azul que cada una de ellas esperaba para su vida. Vio titilar las palabras escritas y volvió a recordar otras palabras, palabras que nunca mas vería frente a ella, que la habían llegado a estremecer hace mucho tiempo.
Llevó el cursor del ratón sobre la cuadro de dialogo y pulso la alternativa de no admitir. El cuadro de dialogo cambió de color. Se puso gris
Gris como sus días. Gris como su vida.
Volvió a recordar ese primer momento, esa primera vez que él le hablo. Fue un par de días después de haberlo leído por primera vez. Había abierto esa pagina de blogs y se había sorprendido al encontrar una respuesta de aquel misterioso hombre que había hablado del dolor de su vida. Ella no se sorprendió del todo, aunque le llamo la atención las cuidadas palabras escritas por aquel desconocido:
“Gracias por intervenir en mi blogs Agradezco tus palabras. Siempre me he sorprendido de lo que puede lograr este medio al unirte a gente que ni conoces y que te dan una palabra de aliento. Estoy aquí para lo que me necesites. Un beso, Pablo”
Ella se sonrió. Un pretencioso desconocido le había mandado un beso,. Y cuantos iban ya? Bromeó para si misma. Cuantos desconocidos le habían mandado un beso? Muchos, pero pocos habían usado eso de “aliento” antes. Pretencioso, pero encantador pensó ella.
Marcó “responder” y se sorprendió así misma escribiendo unas palabras. Palabras cortas, impersonales si quisieras tomarlas de esa manera, pero que invitaban a seguir una conversación si la persona al otro lado, quisiera seguir con ese dialogo. Tecleó enviar y salió de sus privados.
No pasaron mas de 60 segundos cuando volvió a ver el aviso de mensajes privados. Lo abrió. Era del misterioso desconocido. Le agradecía nuevamente sus comentarios y ponía un par de frases ingeniosas y alguno que otro chiste, y le preguntaba como se llamaba en el mundo real, fuera de ese mundo virtual de luces y sonido.
Silvia, le respondó.
Bonito nombre volvió a responder él, a que te dedicas.
Que curioso eres , le dijo ella. Soy abogada. Y tu?,
Soy ingeniero.
Que bueno,
Tienes Messenger,
si claro, silvia80 hotmail.com, agrégame.
Ya lo hago, pero no puedo conectarme ahora, lo haré en al noche, tu lo harás? . no lo hago habitualmente, pero hoy me conecto a las 8. te esperaré,
Muy bien, conversamos luego.
La vida es muy graciosa, pensó Silvia. Ese dialogo podría haberlo tenido decenas de veces, pero ese día, no podía quitarse de la cabeza aquellas palabras y sobre todo esa promesa sin importancia que había hecho. Miraba las horas pasar en el reloj de su muñeca preguntándose si realmente el estaría ese noche a esa hora esperándola.
Recordó como pensó en todos aquellos hombres que había conocido antes en su vida. Aquel español de nombre extraño que le envió esos poemas de Nietsche, o a que compatriota que le había preguntado si podía pasar a verla a su ciudad y que ella había bloqueado para siempre de su Messenger por el miedo que le daba ver a un conocido de Internet directamente a los ojos. Y recordó rápidamente a las decenas de personas que había conocido en aquella pagina de blogs y que habían llenado su Messenger de correos y nicks extraños a los que casi nunca había tomado en serio.
Pero a pesar de eso, ella sentía que había algo en aquel misterioso extraño que la había citado a un encuentro virtual para conversar un poco más.
Y recordó como sonó ese día su celular. Era su novio, Daniel , su novio oficial desde hacía 3 años, que le preguntaba si podían verse esa noche.
- ¿Esta noche? – Si, quiero hablar contigo. Es urgente – ¿Esta bien. Puedes pasar por mi a las 6 al trabajo? Tengo que estar a las 8 en casa – Por que a esa hora? – Por nada importante. He quedado con mi mamá a esa hora
Su novio. El hombre de su vida.
A la distancia Silvia recordó ese momento con una sonrisa en los labios, ¿que habría sido de él? Hace mas de 4 meses que no sabia nada y tampoco le importaba mucho donde estuviera. El había sido su novio por tres años antes que Pablo llegara a su vida, y llegado el momento, lo había dejado por un nombre en una pantalla, por un sueño a la distancia y no se había arrepentido de eso. Había sido muy difícil para ella por que de una u otra manera, Danny no había sido un mal hombre con ella, a pesar de todo lo que había sucedido durante ese tiempo que estuvieron juntos.
Ella esperó a su novio por dos horas. No llegó a las 6 ni a las 7. recién pasó por ella a las 8:15 de la noche.
Ella recordó como mientras transcurría el tiempo, pensaba en aquel misterioso extraño, que seguramente estaría con la pantalla prendida, esperando que se conecte para conversar en aquella cita virtual. Y aunque estaba molesta por que su novio estaba retrazándose, parte de ella sintió que se quitaba un peso de encima por que el mismo destino había hecho que llegara tarde a ese encuentro. No estaba bien ilusionarse, ni siquiera de una manera tan ligera, en un hombre que apenas conocía.
Llegó a casa esa noche a las 10:30 de la noche. Cenó y fue a su habitación con la intención de acostarse directamente. Pero no pudo hacerlo. Allí, al lado de su cama, estaba su computadora. Y sintió que una fuerza interna que no conocía la llamaba a encenderla. Y lo hizo.
Y entró al Messenger.
Y un recuadro gris emergió en la esquina superior izquierda de su pantalla. Era Pablo que la invitaba a agregarlo. Tecleo aceptar.
Y de repente vio el cuadro celeste de dialogo que se encendía. Pablo estaba conectado aun. Y se extrañó de la frase que acompañaba su nick. Decía: “Pablo77 –la estoy esperando aun”
Debe de ser ese tipo de personas que están todo el tiempo conectadas al MSN, se dijo para si misma Silvia.
- Hola, apareció de repente en la pantalla. – hola Silvia, soy Pablo. Te estaba esperando
Ella se sonrió, ¿el estaba esperándola? ¿Dos horas y media después?
- Hola Pablo. Disculpa, no pude conectarme antes. – No tiene importancia. Estaba escribiendo algo. ¿Como estas? – Bien, cansada por que he salido con mi novio. – Si quieres hablamos en otro momento – No no te preocupes, podemos conversar unos minutos antes de irme a la cama. – Je, espero no aburrirte tanto que te de sueño rápidamente – No como crees
Silvia recordaba esos momentos como si en vez de haberse producido hace ya un año, hubieran sido de ayer mismo. Podía recordar como Pablo le preguntó sobre su vida, sobre sus sentimientos, sobre su trabajo y lo que quería para la vida. También le contó sobre él, sobre como había vivido una vida llena de obligaciones desde muy joven, pero que aun así, se sentía feliz de que a sus 32 años, había sido padre y madre para sus hermanos mas jóvenes., Le contó que se había enamorado una vez pero que su novia había muerto dos años después que habían empezado la relación. El ya lo había superado según le contó, pero que igual, a la distancia y a pesar del tiempo, pensaba que ella, su ex novia, era el amor de su vida.
- Lo siento – le dijo ella al oír esa historia. – ¿Por que? – le preguntó – Por que debe de ser horrible perder a alguien a quien se ama. – Lo es, pero es mas horrible no poder despedirte de alguien a quien sientes que amas con todo tu corazón. En mi caso fue muy doloroso. Pero si ella no me hubiera enseñado a amar, no hubiera sabido como reconocer ese sentimiento en otras persona.
Esa noche ambos conversaron por mas de tres horas. Al final, ella se había dormido y había soñado con un Pablo sin rostro, que escribía al otro lado del mundo, lleno de emociones y sentimientos y con la habilidad en las palabras para expresarlos.
Al otro día encontró un post en la pagina,. Estaba escrito por Pablo. Era corto, elegante pero muy hermoso, pensó ella. Hablaba de los momentos mágicos que se pueden encontrar frente a un monitor con una persona sin cara ni voz, pero que de una u otra manera te daba la confianza para poder desnudar tu alma.
Ella lo leyó con atención. Definitivamente sabia usar las palabras, pero había algo mas allí, había sinceridad, había pasión y había ante todo magia.
Soy una tonta, pensó ella. Tal vez es para alguien mas, alguien que esta cerca de él, alguien a quien pueda tocar con su mano o mirar a los ojos. Pensó en Danny que seguramente estaba trabajando en ese momento y se dio cuenta que el amor que sentía por él no era tan fuerte como para no tener una ilusión.
De repente se dio cuenta que tenia un par de privados esperando ser leídos.
Uno de ellos era de Pablo. Se lo había enviado muy tarde aquella noche, casi una hora después de haber cerrado el Messenger. Eran solo cuatro palabras.
“Gracias por la magia.”
Y no solo eso, Pablo había cambiado la frase que acompañaba a su nick en el MSN. Ahora allí aparecía “ Pablo76- valió la pena esperarla.”
Silenciosa en su habitación en penumbras, Silvia podía recordar esos momentos y a pesar de las lágrimas que inundaban sus ojos y que resbalaban lpor sus mejillas, esbozó una sonrisa con los labios que solo era el reflejo de una sonrisa en su corazón. ¿Gracias por la magia. ¿Cuántas veces había leído esa frase de Pablo en los días que siguieron?¿cuantas veces se había preguntado si la magia que según Pablo ella emanaba era solo un reflejo de la propia magia que él le regalaba cada noche que se encontraban en el Messenger, lejos del resto de personas, en su propio mundo lleno de cuadros de dialogo y emoticons?
Recordó los días y semanas que siguieron, como ella volvía cada noche a su casa para conectarse al Messenger y poder encontrarse con el amigo que podía hacerla soñar con palabras hermosas historias fantásticas de juegos de ajedrez, hermosas mariposas color fuego o mujeres echas con el polvo de las estrellas. Y recordó como el mundo real, aquel donde interactuaba con su familia, con sus amigos y sobre todo con su novio perdía cada vez menos sustancia a favor de su pequeño mundo virtual y como eso le pareció una maravillosa locura en la que ella era muy conciente de estarse hundiendo.
Y un día Pablo cambio su nick. Esta vez el había puesto: Pablo76 – No quiero que nunca se vaya de mi lado.
- ¿Como te va con tu novio?, le preguntó un día Pablo. – No lo sé, a veces no entiendo que es lo que me pasa con él. Ya no se si lo quiero – ¿Eres conciente que yo te quiero? Le había dicho él.
Y ella dijo que si, que ella sabia eso.
- No lo olvides – le había vuelto a decir él – Yo no creo que pueda hacerlo
Y ella no podía olvidarlo en ningún momento de su vida. Sorprendida de si misma se descubrió varias veces releyendo los viejos mensajes de Pablo, maravillándose con sus palabras mágicas y sobre todo maravillándose de lo que él le había causado a ella en tan poco tiempo. Vaya que lo podía recordar ahora que él ya no estaba a su lado, lo recordaba con el tintinear de la pantalla de su computadora y con el sonido incesante del ventilador de su CPU. Lo recordaba con el teclear de las palabras y sobre todo lo recordaba con la sonrisa pequeña de un emoticon hecho con una sola letra. Recordaba como un día vio en el nick de Pablo la frase que pronto seguramente marcaría su vida juntos en aquel mundo virtual de una pantalla. El había colocado esa vez junto a su nick la frase: “se lo voy a pedir pronto”.
Y Recordaba a su Pablo, al Pablo que un día le propuso ser novios a pesar de no conocerla personalmente. A pesar de no saber como ella giraba la cabeza mientras escuchaba atentamente las palabras de alguien, a pesar de no conocer en persona lo maravilloso del brillo de sus ojos al sonreír o de la magia que había en la expresión de todo su rostro cuando pensativa, se perdía en el vacío buscando respuestas a sus propios sentimientos. Pablo le propuso ser su novio sin decirle que desde que ella había llegado a su vida, el recuerdo de su ex novia ya no era tan importante para él. Que su mundo estaba a cientos de kilómetros de distancia, en otro lugar a su lado.
Ella le respondió que no. Que no podía ser su novia.
Y ella apagó la pantalla y corrió fuera de su habitación, bajó las escaleras de su casa y cruzo la sala, llegando a la puerta que daba hacia la calle.
Salió hacia afuera y se internó bajo la lluvia, con los ojos perdidos en el pavimento mojado y el corazón latiendo a mil por hora.
Ahora lo recordaba.
A la distancia.
Con los ojos llenos de lágrimas como aquel día. Con la cruel certeza de no volver a saber nunca más de él. Que el destino se lo había quitado y que a nadie en el mundo le importaba eso. A nadie ella podía explicarle el dolor de saber que él nunca estaría a su lado, no vería sus ojos brillar bajo la luna o nunca vería como giraba la cabeza al pronunciar su nombre.
Esa tarde bajo la lluvia se juró así misma que lucharía por aquel hombre que vivía a la distancia pensando solo en ella. Ella recordó entonces como volvió a su casa y aun mojada, llamo a Danny para decirle que tenia que verlo.
Esa noche, Danny lloró por Silvia. Ella nunca mas volvería a aceptar verlo. Y esa misma noche, una vez que Danny por fin aceptó irse de esa casa, ella se conectó para buscar a Pablo y le encontró allí. Esperándola.
Y esa noche empezaron su noviazgo a la distancia.
¿Como olvidarlo? ¿Como olvidar las hermosas frases que cada noche cruzaban entre ellos? Como olvidar esa vieja canción de salsa que él le había enseñado diciéndole que era la mejor canción del mundo.
Ya no se como decirte,
que eres mi vida mi encanto.
Cuando intentas alejarte,
ahí, comienza mi llanto.
Abrázame con ternura,
y suelta tu pelo largo.
Que de pensar que me dejas,
de frío y miedo me embargo.
Se la había cantado alguna vez por teléfono, cuando los mensajes dieron paso a las llamadas cada noche. Y se lo había cantado tan dulcemente que ella pensó que a pesar de lo que pudiera pasar en su futuro no volvería a ser tan feliz como era en ese momento con Pablo al teléfono, con su acento extraño y su forma tan curiosa de hablar.
Por fin él le propuso conocerla en persona. Viajar hacia su ciudad para verla. Ella podía recordar ese momento cuando frente a la computadora él le comentó que había visto cuanto costaba un ticket de avión y que solo esperaba que ella le dijese que si, que aceptaba su presencia para comprarlo. Lo recordaba como si hubiera sido ayer mismo cuando leyó sus palabras en la pantalla, llenas de emoción y de cariño. – ¿Que dices preciosa?¿ – ¿estas seguro que quieres venir? . – ¿claro, si quiero verte. No solo quiero verte si no que quiero llevarte algo desde aquí? – ¡Estas loco! – respondió ella. – Si claro, estoy loco por ti. ¿Quieres que vaya a tu ciudad?
Pudo recordar el silencio antes de dar su respuesta. Debió haber dicho que no, debió haberle dicho que era todo muy pronto para eso, que había una vida que no conocían uno del otro. Sin embargo su respuesta fue otra. – ¿Cuando vendrías? – El próximo mes – respondió el – Ven pues. No te preocupes por buscar un hotel, hablaré con mi mamá para que te quedes en casa.
Y el rió ese noche, y siguió riendo las otras noches durante esos días antes del viaje, haciendo planes de que harían cuando estuvieran juntos por fin los dos, que visitarían, que actividades harían, incluso planearon donde seria su primera noche juntos (por que si, Silvia había decidido que pasarían su primera noche juntos apenas tuvieran una oportunidad lejos de los ojos de su madre) y lo que seria el paso siguiente, que ella fuera con él meses después de que volviese a su país.
Todo era perfecto, toda su vida parecía tener una nueva luz, una nueva esperanza para ella. Las largas noches que había pensado como seria su alma gemela habían quedado atrás. Ella podía recordar como era su vida antes de Pablo y se extrañaba de lo feliz que era ahora, una felicidad que no había encontrado antes en ningún momento de su vida. Y recordaba la ultima vez que Pablo había cambiado su nick para que ella lo leyese. Había colocado: “ Pablo76 – Iré por ella y nunca me alejaré de su lado”.
Volvió a ver el monitor y se enjuagó una lágrima.
Muchos recuerdos para una noche, se excusó mentalmente y se dio cuenta que era lo que pasaba. Había algo en esa historia que aún no podía soportar recordar. No podía simplemente olvidarlo, no podía olvidar como ese día todo cambió en su vida, cuando de pié en el aeropuerto esperaba que el vuelo de Pablo llegara después de mas de 5 horas de viaje. Recordaba como su corazón se agitaba en su pecho fuertemente mientras se acercaba el momento en que por fin Pablo estuviera a su lado. Se acercó varias veces a ver la pantalla donde aparecía el momento de arribo del avión y a la segunda vez que lo hizo vio la palabra delayed impresa en vivos colores naranjas. No entendió que pasaba y se acercó a una de las personas que estaban sentadas en uno de los mostradores. Le preguntó que pasaba con el vuelvo de Pablo. La chica pareció confusa un momento y tomó un teléfono para hacer una llamada. Habló unas palabras con alguien allí y poco a poco su rostro fue poniéndose pálido. – Esta demorado señorita . respondió la azafata esquivando su vista
Silvia miró nuevamente hacia la pantalla y preguntó si podía decirle a que hora podría arribar el vuelo. La azafata dijo que no podía contestar y salió de su puesto.
Silvia volvió a acercarse a la pantalla y vio que otras personas también se veían extrañadas por lo que había sucedido. Todos miraban hacia arriba, hacia los nombres de los vuelos y miraban como solo aquel numero de vuelo, el de Pablo, aparecía con las palabras delayed y sin mas información.
Ella no se inquietó en un primer momento, pero mientras transcurría el tiempo y la información no aparecía en el monitor decidió preguntarle a alguna de las personas en los escritorios de informaciones que es lo que estaba pasando por una segunda vez. Esta vez tampoco recibió respuesta pero ante su insistencia una de las azafatas le dijo que uno de los representantes de la aerolínea se acercaría en unos minutos a hablar con ellos.
Podía recordarlo perfectamente. Aun después de casi dos meses de haber vivido ese momento recordaba la desesperación de la gente que estaba a su lado y que ella podía apenas entender en medio de todo ese barullo a punto de explotar. Recordó como la gente, cada vez en mayor numero, se arremolinaba en medio del aeropuerto, como presagiando lo que iba a venir minutos después.
Por fin llegó el hombre con sus malas noticias. Llegaron directas a los oídos de Silvia, sin siquiera percatarse de ello.
“Se nos ha informado que la torre de control ha perdido contacto con el vuelo Air France 063 a las 05:33 hora local. Ni una de las torres de control en la zona ha podido ubicar aun una señal de la aeronave que ha sido declarada oficialmente en emergencia. Por favor, les rogamos mantener la mayor tranquilidad posible hasta que determinemos la naturaleza del incidente. Solo queremos dejar claro que esto no significa que la aeronave ha caído o ha sufrido otro tipo de percance. Gracias”
Dos horas después oficialmente se declaró siniestrado el avión. Los restos fueron hallados en el mar a dos horas de la ciudad de Silvia. No hubo ningún sobreviviente.
Eso había sido hace ya hacia dos meses y aun, ella no podía entender que había pasado. A la distancia el era un hombre maravilloso que le había llenado la vida de ilusiones y fantasías, había compartido sus sueños y le había regalado unos nuevos para su vida. Y hoy ese hombre ya no estaba en el mismo mundo que ella
Hoy el mundo real era solo una mancha gris con ligeros tonos oscuros. Hoy su mundo estaba vacío como nunca antes había estado.
Y las lágrimas de Silvia volvieron a caer por sus mejillas. Cayeron sobre el tablero mojando las oscuras teclas de plástico.
Pero ella no las notó.
No había podido notar ya nada desde hacia días. Desde ese momento en que se dio cuenta que nada de lo que hiciera podría llenar nuevamente su vida. Era una mujer triste.
Miró la pantalla sin apenas notar lo que veía. Intentó encontrar la fuerza para escribir algo a alguno de sus contactos pero no pudo hacerlo. Su mirada bajó desde aquellos que estaban conectados hasta los que no.
En medio de aquellos nombres encontró el nick de Pablo y la ultima frase que había dejado para ella: “Pablo76 – Iré por ella y nunca me alejaré de su lado”.
Estaba apagado, sin vida. Como él. Como Pablo.
Suspiró y se enjuagó las lagrimas.
Buscó el ratón y cerró las pantallas que habían estado abiertas. Luego, lentamente acercó el cursor a la esquina superior derecha, hacia el signo x con la intención de apagarlo.
De repente se detuvo.
Abajo, en la parte inferior del monitor, el nick de Pablo se encendió. Al mismo tiempo, un recuadro celeste apareció en el extremo opuesto.
Pudo ver el nick, pero esta vez había cambiado la frase, ya no decía “iré por ella y nunca me alejaré de su lado”. Ahora solo habían solo tres palabras además de su nombre: Pablo- detrás de ti.
Silvia se quedo paralizada. Lo único que pudo notar fue un viento helado soplando sobre su hombro derecho. Sintió de repente un sudor frío sobre su cuello. Las gotas avanzaron sobre su piel y mojaron la parte superior de su camisón.
Allí atrás, alguien había soplado sobre ella. Fue un aliento fétido, mezcla de un olor a musgo y a piel quemada.
Ella no podía creer lo que estaba viendo y sintiendo. No podía alejar los ojos de la pantalla a pesar de tener la completa certeza de no estar sola en ese momento. El dolor de la ausencia de ese hombre al que había amado se había transformado en terror al ver que las reglas de su mundo inmutable donde la vida y la muerte que parecían estar separadas por barreras infranqueables estaban a punto de caerse.
De repente un cuadro de dialogo se abrió en la pantalla. Vio en la parte superior del mismo y encontró el nick de Pablo. El cursor estaba allí, titilando, esperando convertirse en letras
No puede ser, pensó ella. Quería correr de su habitación, alejarse de la soledad de esas cuatro paredes y buscar la compañía de alguien que la ayudase a entender que los muertos no vuelven a la vida a pesar que los amabas. Quiso abrir la b oca y gritar pero el ruido no salió de su garganta. Solo podía ver el cuadro de dialogo en su pantalla.
Un nombre apareció frente a ella. Lo leyó lentamente:
Silvia.
Mientras lo leía sintió que algo se acerca hacia ella desde el fondo oscuro de su habitación. El olor a musgo se hizo mucho mas intento y penetrante.
Silvia. No voltees.
La mujer leyó las palabras que aparecían en su pantalla tratando de mantenerse calmada. Su corazón latía fuertemente y un dolor agudo apareció en sus sienes. Intentó controlar su respiración pero no pudo hacerlo. El olor a carne quemada empezó a rodearla causándole un mareo que trató de controlar.
Ella sentía la presencia tras de ella. Alguien o algo estaba allí. Eso era seguro. Lentamente Silvia empezó a desplazar su cuerpo hacia la izquierda con la finalidad de ver a través del reflejo de la pantalla que había tras de ella. Su movimiento fue lento, casi imperceptible.
Poco a poco, mientras la imagen se iba formando por el reflejo ella notó una figura alta y fornida. Al parecer estaba vestida con ropa negra. Aguzó la vista y cayó en la cuenta que no era ropa negra la que tenia ese ser. Eran trozos de piel chamuscada, cayendo en tiras en un amasijo de sangre, carne quemada y musgo sucio.
Silvia cerró los ojos intentando alejar esa visión de su mente. Quería gritar, quería correr y cobijarse en los brazos de su madre, que seguramente dormía apaciblemente sobre su cama en la habitación de al lado. Sea lo que fuera que estuviera tras de ella, era real, tan real como esa pantalla de computadora frente a sus ojos.
Sin darse cuenta apenas estiró las manos hacia el teclado y escribió algo.
Quien eres
El cursos se detuvo durante unos segundos. El olor a musgo y carne se metió en la garganta de la mujer y ella tosió para expulsarlo. Cuando abrió los ojos vio como lentamente se iban formando las palabras letra tras letra en el cuado de dialogo
Soy Pablo. Esto por fin a tu lado.
Tu no puedes se Pablo. Pablo esta muerto.
Silvia escribió estas palabras de un solo golpe, sin apenas darse cuenta de lo que estaba haciendo.
De repente la pantalla de su computador se apagó. Toda la habitación que había estado solamente iluminada por la luz que emanaba del monitor quedó a oscuras.
La mujer se estremeció por un momento pero no pudo moverse de su asiento. A un lado de la habitación la pálida luz de una luna menguante se filtró por una ventana.
Fue en ese momento cuando sintió el peso sobre su hombro derecho. Era una mano la que se posaba en ese lugar. No la vio en medio de la oscuridad pero si la sintió presionándola apenas. El olor a carne quemada y musgo fue mucho mas fuerte. Entró por sus fosas nasales y se alojó directamente sobre su cerebro.
Por fin, ella habló por primera vez. Fue como un susurro, como el ruido del viento filtrándose a través de las hojas de un árbol – Pablo ¿realmente eres tu? – preguntó a aquella figura en medio de la oscuridad de su habitación.
No hubo respuesta.
Lentamente ella levantó su mano izquierda y la puso sobre la mano que presionaba su hombro. Sintió la sangre seca y la carne abultada y descompuesta que la cubría. Y sintió una gran ternura al hacerlo.
Luego inclinó su cabeza y la puso sobre ambas manos – ¿Por que Pablo? ¿Por qué no estas aquí?
La pantalla del computador se encendió. El cuadro de dialogo todavía estaba abierto.
Unas palabras volverían a aparecer allí.
Eres hermosa. No podía dejar de verte con mis ojos.
Las lagrimas aparecieron nuevamente sobre el rostro de Silvia. Ya no quería gritar, ni siquiera quería entender que es lo que le pasaba. Solo quería vivir lo que estaba viviendo, sea lo que eso fuera. Pablo estaba allí, lo podía sentir dentro de su propio pecho. – ¿Donde estas Pablo? Preguntó en voz alta.
No lo sé. No lo entiendo. Solo quería verte. Lo desee con todo mi corazón. – Puedo verte yo? – preguntó Silvia nuevamente
Las palabras se volvieron a formar en la pantalla. – No hay mucho que ver. No creo que deberías hacerlo.
Silvia cerró los ojos y se quedó en silencio. Trató de alejar la sensación de repugnancia por el olor y por el contacto de la carne quemada y recordó aquellas noches en que sentada en un monitor, un hombre al otro lado del mundo le decía de mil distintas maneras que la quería. Uso la fuerza de su corazón para traer a ese hombre allí, a su lado y unirlo a la presencia que estaba con ella en esa habitación. – Te quiero – dijo ella por fin
Las palabras volvieron a aparece en la pantalla.
Te quiero yo también. Pero debes de dejarme ir. Quise verte pero es hora que me vaya. Tienes que seguir con tu vida. – Nunca te pude ver a los ojos Pablo.
Nunca necesitaste hacerlo.
Silvia abrió los ojos y se quedó mirando directamente la pantalla. Luego pudo sentir como esa figura se inclinaba sobre ella y besaba su cabeza que inclinada aún sobre las dos manos permanecía inmóvil. – No te vayas – susurró ella
Pero la presión sobre su hombro había desaparecido justo con el olor acre y terrible que la había embargado hasta hace unos segundos.
Ella levantó la cabeza y por fin giró a ver que había tras de ella. No había nada allí. Solo el vacío de una habitación oscura. Se puso de pie y se acercó al interruptor de luz y cerró el circuito. La luz se abrió paso en medio de la oscuridad y llegó a todos los rincones del cuarto. No había nadie allí.
No podía creerlo.
Sea lo que acabara de pasar se había ido.
Miró hacia el monitor de la pantalla buscando el cuadro de diálogo que hasta hace unos segundos había podido leer y tampoco lo encontró. Y sintió que una gran pena embargaba su corazón por eso.
Pablo había estado allí. Después de tanto tiempo, por fin había podido sentir el calor de su piel cerca ella. Y ahora ya no estaría mas allí. Y se preguntó por un segundo si la pena por su perdida siempre la embargaría. Pero algo dentro de ella le dijo que no, que esa pena eventualmente se convertiría en un recuerdo invalorable para su vida, pero que podría continuar adelante.
Repentinamente se dio cuenta que había olvidado algo. Se acercó al Messenger y buscó el nick de Pablo. Esta vez el mensaje había cambiado y ella sabia que eso era ya por ultima vez. Que nunca mas volvería a cambiar por nada del mundo.
Decía:
“Pablo76 – fui por ella y era mas hermosa que las estrellas. Vivirá feliz por siempre”
Las lagrimas volvieron a correr por sus mejillas, pero esta vez fueron enjugadas antes que cayesen al teclado de plástico.
Fin
Boomer (Lima, Septiembre de 2007)



