Que salgo del gimnasio completamente cansado, hecho un guiñapo humano, con el cabello mojado y la ropa a medio acomodar. Saco, camisa blanca, sin corbata. Supongo que tengo los ojos rojos por el sauna y la barba media crecida de dos días sin afeitarme por un inoportuno acné debajo del mentón
Que me acuerdo que tengo que ir telefónica del Perú a arreglar mi problema del celular (que murió hace como un mes y todavía no lo he reemplazado).
Que estaciono mi auto en un centro comercial de Lima a las 9:00 de la noche. Hago un esfuerzo para salir del auto por que las piernas me están matando de lo que he corrido y me acerco a la tienda de telefónica para arreglar lo de mi celular.
Y allí la veo de pie frente al mostrador. Entre 25 y 30 años de edad, cabello oscuro y evidentes problemas alimenticios. Cara de pocos amigos, ¿amargada? No no lo podría decir. ¿con ganas de mandar al diablo a alguien? Puede ser, el letrero de la puerta dicen que atienden de 8 am a 10 pm. Si es un solo turno esa mujer tiene mas de 12 horas de trabajo. Tal vez de pie, tal vez soportando a gente malcriada que solo sabe quejarse.
Sea como sea, que me acerco y le digo.
- Buenas noches, donde puedo obtener información de un cambio de celular conservando mi mismo numero
Y la mujer que me mira un segundo y luego vuelve la vista a la que estaba leyendo, unos folletos encima del mostrador. Me responde sin mirarme
- Para quien es el cambio
- Para mi señorita.
- Que celular ha tenido usted antes – vuelve a responderme esta vez lanzándome una gélida mirada. Paso a explicarle el celular que tuve y el plan que tenia
- No se puede cambiar. – me responde
Sacó de mi bolsillo un volante de esos que te entregan en los centros comerciales donde dice que si se puede cambiar de plan y de celular conservando su numero
La mujer lo mira un segundo y luego levanta su mirada furiosa y me responde.
- Esa información es pasada. Ya no se puede cambiar.
Estoy cansado. Ayer estuve discutiendo toda la tarde y muchas cosas más, asi que yo también estoy empezando la perder la paciencia
- Eso no me interesa señorita – respondo – usted debe de darme alternativas ¿Por qué las hay no?
La mujer se yergue completamente. Yo mido 1.77 m y ella, ya de pie, debe de sobrepasar el 1.80 m. es grande, tiene una gran gran espalda. Sus ojos despiden fuego y lentamente abre sus grandes fauces para responderme. Durante un segundo creo que va a escupir fuego y azufre de esa boca
- Señor tiene usted que venir antes de las 8 de la noche para que le den ese tipo de información!
Su voz ha sido firme. Sus ojos, dos pedazos de carbón llenos de furia contenida no dejan de verme. Debería de correr por mi vida, pero caray, soy un hombre valiente. No me voy a dejan intimidar a pesar de sentir que mis piernas están que no me pueden tener en pie.
Asi que lanzó un dardo mortal al corazón de la bestia
- Y usted cree que tengo tiempo de perder? Hace 5 minutos que estoy aquí y usted recién me dice que no me puede ayudar?
Fui directo. Fui duro. Mi padre, el que me crió, estaría orgulloso de ver como su hijo ataca a semejante morlock salido del infierno de dante con su diatriba llena de elegantes adjetivos. Estoy seguro que he herido a la bestia y ella lo sabe. Debería de verla caer por fin.
En cambio la mujer toma aire y se mueve para un lado del mostrador. Viene hacia mi. Oh! Viene hacia mi con esos largos brazos, ese cuerpo de dirigible mal inflado. Ese peinado (o debería de decir despeinado) que me hace a acordar a Apu de los simpson, de color marrón rojizo tono estiércol de vaca. Se acerca y yo no puedo huir., he corrido 10 km hace menos de una hora y mis piernas no responden.
Cierro los ojos. Todo ha terminado.
Se acerca y me habla fuertemente:
- No se da cuenta que no hay nadie para que lo atienda señor? Solo estamos cobrando los recibos del mes. No hay quien le de información sobre lo que quiere! Son casi las 9 de la noche y ya no hay ni técnicos, ni vendedoras ni menos clientes!!!!. Tenga la amabilidad de venir mañana!!!!
La mujer bestia resopla sin quitarme los ojos de encima. Los agujeros de su nariz suben y bajan como si fueran los de un toro herido y rabioso. Su cuerpo, grande, no parece estar hecho ni para amar ni para ser amado, si no mas bien que ha sido perfectamente diseñado para atacar y destruir a los clientes que llegan tarde y tercos como yo.
Seria una locura atacar.
Tengo que claudicar.
me armo de valor. Miro a la mujer a los ojos y me siento obligado a aceptar la derrota. Ella ha ganado . la bestia ha ganado. Tengo que reconocerlo.
me inspiro en el valiente general mc arthur que en plena segunda guerra mundial cuando dejó las filipinas hizo una promesa que le tocó cumplir dos años después. Sin quitarle la vista de encima le escupo las siguientes palabras.
- Me voy , pero volveré mañana a las 2 de la tarde.
Que camino sin darle la espalda a la mujer bestia. Que me acerco a mi auto sin dejar de mirar esa tienda donde aquel increíble ser que da informaciones me ha despedido con una mirada de desprecio y asco y que conduzco directamente a mi casa, con las piernas adoloridas temblando pero feliz de haberme comportado a la altura de las circunstancias.
Quien dice que todavía no hay guerras mitológicas que tienen que lucharse.



